El cuerpo humano está preparado para permanecer en movimiento, es decir no puede conservar actitudes inmóviles mantenidas*por largo tiempo incluso mientras dormimos cambia de posición. Esos movimientos ponen en acción los
músculos y las articulaciones para poder así mantener la
tonicidad.
Sin embargo también son importantes para poder activar y movilizar los órganos alojados en las cavidades como el
tórax y el
abdomen. El organismo posee una red muy importante de arterias venas y capilares la cual es recorrida por un constante torrente sanguíneo.
Todos esos órganos necesitan ser presionados, comprimidos, estirados o movidos. Si esto no sucede así se produce el estancamiento e inmovilización y a su vez disminuye el flujo de sangre, situación que luego el corazón deberá compensar con mucho esfuerzo.
Todo
ejercicio nos ayudará a controlar y mejorar la sintomatología y el pronóstico de numerosas enfermedades crónicas, como la cardiopatía, la hipertensión arterial, enfermedades pulmonares obstructivas,
obesidad, diabetes entre otras.
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