Dietas y Régimenes de adelgazamiento¿Estás siguiendo alguna dieta?? Publica aquí tu dieta y entre tod@s la revisaremos para ver si está bien o hay cosas que se puedan mejorar.
Una vez más, el cerebro manda: Regulación en los niveles de grasa corporal.
Estudios en los que el gasto energético y la ingesta de alimentos ha sido supervisada por un periodo de tiempo comprendido entre semanas y meses (lo cual implica fluctuaciones en ambas variables) muestran un notorio equilibrio entre las calorías consumidas y las calorías quemadas. Pese a que cuando varios mamíferos, desde ratas a monos, son llevados al extremo; esto es, sobrealimentados u obligados a pasar hambre durante algunas semanas. Se observa como sus pesos vuelven a niveles normales en cuanto el acceso a comida "ad libtium" (cantidad libre) se reanuda. Esto parece ser un claro indicador de que el organismo de los mamíferos autorregula la alimentación en base a la cantidad de energía disponible en los alimentos consumidos, y no solo en función al volumen de dicho alimento.Un ejemplo más claro: Cuando distintos grupos de ratas fueron alimentadas a base de soluciones con diferentes concentraciones de nutrientes, estas regularon el volumen de la ingesta para lograr un flujo constante de calorías. Dichas observaciones sugieren que el cerebro debe recibir señales del cuerpo que le indican las necesidades energéticas; haciendo uso de dichas señales, este modula el apetito y el gasto energético con el objeto de mantener el peso de un individuo en un rango bastante estrecho. Las señales son recibidas en el hipotálamo, estructura situada en la base del cerebro. Lo cual está relacionado con la implicación de este en muchas de las señales básicas; el subconsciente, los reflejos, el apetito sexual, la agresividad, el hambre y la sed, así como también la regulación de la temperatura corporal. Cuando las ratas fueron lesionadas en una subregión en particular del hipotálamo, la llamada área ventromedial, el mismo proceso, antes autoregulado, de extremo/"ad libtium" hizo que se volviesen obesas. Comportándose como si estuviesen hambrientas, su organismo compensó dicha necesidad psicológica con un aumento en el volumen de la ingesta y una reducción del gasto energético. Por el contrario, una lesión en una zona diferente del hipotálamo, el área lateral, hacía actuar a las ratas como si hubiesen sido sobrealimentadas, produciéndose una disminución en el consumo de alimentos y un mayor uso de energía, dejando a la rata en unos niveles peligrosamente reducidos de grasa corporal.Pero estos experimentos no son solo un juego con ratas, han sido repetidos, como digo, con una amplia variedad de mamíferos; inclusive algunos con seres humanos que han sufrido daños en el hipotálamo ventromedial (generalmente a causa de un tumor en la glándula pituitaria adyacente).Dichos resultados plantean una pregunta bastante obvia: ¿Como conoce el hipotálamo nuestro peso?. Para contestarla, demos un paso atrás y juguemos a ser Dios por un momento. Si quisieras elaborar un sistema como este, ¿cómo lo harías?. ¿Mediante la medición de glucosa en sangre?, ¿con la de los depósitos de grasa?, ¿con la de la temperatura central del organismo?, ¿mediante la presión en la planta de los pies, quizás? Todo esto fue un misterio hasta 1994, cuando Jeffrey Friedman y sus colegas de la Universidad de Rockefeller publicaron sus observaciones de dos cepas de ratones mutantes (aunque dichas mutaciones no fueron fruto de una alteración en laboratorio, sino que surgieron de forma espontánea en las colonias de cría). Llamó a un grupo Obesos y a otros Db. Ambas cepas de ratones poseían una cantidad de grasa corporal extrema, un rasgo que se trasmite a su descendencia por ser un patrón simple de herencia dominante, como el color de los ojos. Lo que sugiere que la obesidad, tanto en el grupo Obesos como en el Db es debida a una mutación de un gen individual en cada caso.El equipo de Friedman fue capaz de localizar dicha mutación en el grupo Obesos, mostrando que el bloqueo de la producción hormonal de una proteína, a la que llamaron leptina (hormona secretada únicamente por las células grasa, implicada en la regulación del apetito y sobre la cual ya escribí un post en este mismo blog que pretendo recuperar muy pronto), sería el causante del aumento en los niveles de grasa corporal en este grupo.Cuando se sometió el grupo Db a un análisis similar, se encontró que el gen alterado en este grupo es el responsable de la codificación de una proteína que actúa como receptora de la leptina: Cuando esta se une a leptina circulante en la superficie celular, se pone en marcha un proceso bioquímico dentro de la célula. Más significativo aun, el receptor de la leptina se manifiesta con gran actividad en las neuronas del área del hipotálamo que, al ser dañadas, causan la obesidad o la delgadez. Así, Friedman obtuvo una razonable hipótesis de como el hipotálamo es capa de calcular el peso corporal y emplear dicha información en regular nuestro organismo a fin de mantenerlo: Al aumentar de peso el nivel de grasa corporal aumenta, con él también lo hace el número de células grasa, como es lógico. Esto causa una mayor emisión de leptina en proporción a dicho aumento de células que será detectada por los receptores del hipotálamo, produciendo una activación neuronal que aumenta el gasto energético y suprime el apetito. Cuando se pierde peso, el sistema funciona en la dirección opuesta: menos grasa implica una reducción de los niveles circulantes de leptina y, por tanto, un aumento del apetito y una reducción del gasto energético.
Quizás os preguntéis qué quiero demostrar con la traducción de este artículo. La respuesta es bien sencilla:
Nuestro organismo, hablando siempre de individuos sanos, es sabio y debemos saber escucharlo.
Este artículo demuestra la existencia real del llamado "set point": peso al que nuestro cuerpo tiende de forma involuntaria.
Este podría ser alterado acostumbrando a nuestro sistema a un determinado estado físico; así, alguien con una situación de sobrepeso capaz de normalizar su situación y adelgazar, podría regularlo mediante una exposición prolongada a dicho peso ideal. Lo que descarta totalmente las dietas milagro y esa actitud de la gente de no comer durante un mes y, habiendo perdido 20kg de una manera insana por completo, volver a hacer vida normal. Lo que no solamente nos aportará un obvio efecto rebote con la recuperación de los 20kg perdidos, sino también algún que otro añadido incómodo. Las dietas NO SIRVEN, sirven los hábitos a los que acostumbremos nuestro organismo.
La comida sana, natural, poco procesada industrialmente,... Con algún capricho espontáneo, ¿por qué no? nos brindará un organismo sano y autorregulado; otra cosa nos aportará lo que vemos día a día, una sociedad cada vez con mayor tasa de obesidad que no hace nada por evitarlo.
Para concluir dejaré esta breve frase invitando a la reflexión:
El ser humano es el único ser vivo que, sano y en su hábitat natural, padece obesidad.
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Fuente: homimprover.blogspot.com [Regístrate y verás el enlace]